lunes, 13 de mayo de 2013

La estrella que se apaga



Todo comenzó frente a Philadelphia. Los Chicago Bulls derrotaban de 12 puntos a los Sixers a falta de un minuto, en un partido muy cómodo. Derrick Rose estaba en pleno rodaje todavía de su vuelta a las pistas, tras su anterior lesión. Parecía el movimiento de siempre: cogió la pelota después del bote e inició el quiebro explosivo que tanto le ha definido en sus años profesionales. En esta ocasión, no quebró la cintura del rival, quebraron los ligamentos de su rodilla. Y todo Chicago se quedó en silencio. Nadie se explicaba cómo, ni por qué Rose había jugado esos minutos de la basura. ¿Por continuar con el rodaje? ¿Por demostrar que estaba bien para jugar? El caso es que el base sufrió una lesión que sigue dando que hablar, incluso un año después de la misma.

¿Por qué este asunto sigue dando horas y horas de conversaciones? Pues porque, un año después de la rotura de ligamentos, Rose no aparece por las pistas. Ya han sido numerosas las filtraciones que afirmaban que D-Rose volvería para los últimos partidos de la temporada, para la primera ronda de playoffs, para el primer partido contra Miami, para el segundo, tercero, cuarto… El culebrón empieza a agotar a los fans de Chicago, que han pasado de creer fielmente en su estrella a empezar a sentirse traicionados por el faro que debe guiarlos en el camino hacia el título. La imagen más repetida durante los encuentros de los Bulls es la del base vestido de traje aplaudiendo como si no hubiera un mañana, como si formara parte de lo que están consiguiendo sus compañeros. Es duro ver a Noah destrozado completamente, jugando al 50% de sus posibilidades, con Jimmy Butler jugando los 48 minutos de cada partido, con Robinson vomitando en el banquillo… y, mientras tanto, Rose emitiendo sonidos con las palmas de sus manos desde el otro extremo del banco.

Duele. A los seguidores de los Bulls les debe doler. A sus compañeros les debe doler. Al entrenador le debe doler. Ya son mil los partes médicos que han afirmado que Rose está completamente apto para jugar, pero sigue sin hacerlo. Ricky sufrió esa misma lesión, y volvió a los 6 meses, renqueante, pero volvió, hasta que al final de temporada ha alcanzado su máximo nivel. Los problemas de Rose son de otro tipo, ya que se le ve tirando y tirando en los calentamientos, pero los partidos con rivales de verdad le asustan. El culebrón empieza a ser desesperante por todos lados. Todavía hacen mella las críticas del hermano del base, que le decía directamente a Chicago: "¿Habéis hecho algún movimiento? ¿Habéis hecho algún traspaso para mejorar? Es frustrante ver a mi hermano dejarse el alma y el corazón para el equipo y que ellos no hagan nada a cambio". Un malpensado de nacimiento como es el que escribe estas líneas no puede evitar creer que las declaraciones del hermano vienen de boca de otra persona, y no hace falta indagar mucho para conocer quién es. Con estas declaraciones incluso, jugadores como Noah han mostrado su apoyo público al base y su deseo de que vuelva a la pista. Parece increíble, pero es completamente cierto.

Lo único que se espera de todo esto es que el MVP de la temporada 2011 decida volver de una vez a las pistas y callar con puntos, victorias y anillos todo lo que está ocurriendo este último año. Chicago necesita a Rose, y Rose necesita a Chicago pero, a este paso, Rose va a necesitar más a Chicago que Chicago a Rose, porque la imagen del base está quedando por los suelos cada día que pasa. ¿Esperaremos al nuevo anuncio de adidas para ver a D-Rose jugar? Por el bien del jugador y del equipo, esperemos que no. 

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