Todo comenzó frente a Philadelphia. Los
Chicago Bulls derrotaban de 12 puntos a los Sixers a falta de un minuto, en un
partido muy cómodo. Derrick Rose estaba en pleno rodaje todavía de su vuelta a
las pistas, tras su anterior lesión. Parecía el movimiento de siempre: cogió la
pelota después del bote e inició el quiebro explosivo que tanto le ha definido
en sus años profesionales. En esta ocasión, no quebró la cintura del rival,
quebraron los ligamentos de su rodilla. Y todo Chicago se quedó en silencio.
Nadie se explicaba cómo, ni por qué Rose había jugado esos minutos de la
basura. ¿Por continuar con el rodaje? ¿Por demostrar que estaba bien para
jugar? El caso es que el base sufrió una lesión que sigue dando que hablar,
incluso un año después de la misma.
¿Por
qué este asunto sigue dando horas y horas de conversaciones? Pues porque, un
año después de la rotura de ligamentos, Rose no aparece por las pistas. Ya han
sido numerosas las filtraciones que afirmaban que D-Rose volvería para los
últimos partidos de la temporada, para la primera ronda de playoffs, para el
primer partido contra Miami, para el segundo, tercero, cuarto… El culebrón
empieza a agotar a los fans de Chicago, que han pasado de creer fielmente en su
estrella a empezar a sentirse traicionados por el faro que debe guiarlos en el
camino hacia el título. La imagen más repetida durante los encuentros de los
Bulls es la del base vestido de traje aplaudiendo como si no hubiera un mañana,
como si formara parte de lo que están consiguiendo sus compañeros. Es duro ver
a Noah destrozado completamente, jugando al 50% de sus posibilidades, con Jimmy
Butler jugando los 48 minutos de cada partido, con Robinson vomitando en el
banquillo… y, mientras tanto, Rose emitiendo sonidos con las palmas de sus
manos desde el otro extremo del banco.
Duele.
A los seguidores de los Bulls les debe doler. A sus compañeros les debe doler.
Al entrenador le debe doler. Ya son mil los partes médicos que han afirmado que
Rose está completamente apto para jugar, pero sigue sin hacerlo. Ricky sufrió
esa misma lesión, y volvió a los 6 meses, renqueante, pero volvió, hasta que al
final de temporada ha alcanzado su máximo nivel. Los problemas de Rose son de
otro tipo, ya que se le ve tirando y tirando en los calentamientos, pero los
partidos con rivales de verdad le asustan. El culebrón empieza a ser
desesperante por todos lados. Todavía hacen mella las críticas del hermano del
base, que le decía directamente a Chicago: "¿Habéis
hecho algún movimiento? ¿Habéis hecho algún traspaso para mejorar? Es
frustrante ver a mi hermano dejarse el alma y el corazón para el equipo y que
ellos no hagan nada a cambio". Un malpensado de nacimiento
como es el que escribe estas líneas no puede evitar creer que las declaraciones
del hermano vienen de boca de otra persona, y no hace falta indagar mucho para
conocer quién es. Con estas declaraciones incluso, jugadores como Noah han mostrado su apoyo público al base y su deseo de que vuelva a la pista. Parece increíble, pero es completamente cierto.
Lo único que se espera de todo
esto es que el MVP de la temporada 2011 decida volver de una vez a las pistas y
callar con puntos, victorias y anillos todo lo que está ocurriendo este último
año. Chicago necesita a Rose, y Rose necesita a Chicago pero, a este paso, Rose
va a necesitar más a Chicago que Chicago a Rose, porque la imagen del base está
quedando por los suelos cada día que pasa. ¿Esperaremos al nuevo anuncio de
adidas para ver a D-Rose jugar? Por el bien del jugador y del equipo, esperemos
que no.
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